Y claro que nos juntamos a brindar con las chicas…no hubieran sido fiestas si no lo hubiéramos hecho. Luego de cumplir más o menos adecuadamente con la familia, algunas más contentas, expectantes o resignadas que otras, casi que “descansamos” en el brindis para amigas que organizamos entre el 1º y el 5….
Es que creo que cada una éramos como éramos, sin firuletes ni dobleces, cuando estábamos “en mesa de amigas”
Y como cada año, volvimos a pintar de rosa la esperanza recién nacida el 1º de enero…porque en definitiva, ¿para qué ser pesimistas si los reveses te los da la vida aunque cautelosamente quieras pasar desapercibida para que no te genere sufrimiento?
Con alguna cicatriz más, resultado de una resuelta convicción de mirar para adelante aunque los desgarrones de la piel tiñan de rojo cada paso, nos abrazamos con sincero cariño, deseándonos con honestidad lo mejor, supimos agradecer el valor de la amistad en una actitud valiente reconociendo cuánto palia la soledad este afecto con que uno se nutre a los sesenta…
Las desafié a un brindis individual, deseosa de que significara una catarsis indolora, y tal vez porque en lo más recóndito de mi mente excesivamente analítica, necesitaba ratificación sobre la calidad humana de cada una de ellas, para sentir que mi cariño era debidamente devuelto…y saber, sin duda alguna, que cada una de ellas merecía la entrega total, desinteresada, de mis propios sentimientos…
Comenzó Maruca, recién superando la ausencia de su caballero andante, quien no se animó a plantear a su mamá que ya era mayorcito y necesitaba algo más que una cuna para ser feliz…Que no pudo elegir a la mujer por quedarse con la mamá…enfermizo afecto que le cercenaba la posibilidad de ser feliz.
Valiente, profundamente emocionada , levantando el mentón y la copa nos dijo mirándonos fijamente:
-Que el 2008 me dé la oportunidad de volver a creer, volver a amar…y sí, chicas, no pongan esa cara de sorpresa…es un anuncio del horóscopo chino….pero por sobre todo ¿saben por qué voy a tener la valentía de afrontar el riesgo?...¡por que las tengo a ustedes, mis ungüentos curativos, mis pomadas antidolores, mis sedantes, mis amigas de hierro, con quienes cuento y a quienes quiero tanto!……
Bárbara, escondiendo como siempre la emoción tras el cliché de la niña bien que supo ser años atrás, levantó la copa y livianamente brindó:
- Por ustedes, esas únicas personas por las que sería capaz de realizar el sacrificio de brindar en un vasito de papel, en una mesa sin mantel y velas, sin darme cuenta de ello.No les doy permiso para alejarse de mi vida ¿eh?...
- Marita, riéndose de sí misma comentó antes de iniciar su brindis y haciendo cuernitos para alejar todo riesgo….-Conste que no voy a desear mucha salud a nadie, porque ya sé que se ríen de mí. Deseo para cada una de ustedes lo que anhelo para aquellos a quienes quiero: que cuando las agreda el sol, encuentren un árbol que les regale su sombra, que cuando tengan frío, un abrazo las cobije, que no se sientan nunca solas aunque estén solas, que la muerte llegue cuando están por necesitar ayuda para la vida…
-Yo, dijo Renata, brindo por los amigos que contienen, por los que no juzgan, por los que se dan cuenta sin preguntar cuando te aqueja la pena, los que adivinan cuándo estar y cuándo partir…por los que te ayudan a mirar el fulgor del amanecer que deja atrás los celajes oscuros de la noche…Chicas, mi nieta y yo, brindamos por ustedes…
Elda, la de la síntesis, tomó la copa diciendo: - Cada una de nosotras, en definitiva, a su modo, con su propia impronta, ha brindado por el amor…ya que la amistad es una forma de amor, tal vez la más pura y desinteresada forma de amor…¡Que no falte el amor, chicas-agregó con un guiño- de una u otra manera, para ser eternamente jóvenes!....
Me sentí bien….tan bien, que no podía hablar…Entre todas sumábamos más de trescientos sesenta años…mujeres de 60 con diversas vidas, variados problemas: esposo con Alzheimer, nietitas a cargo, soledad total, problemas económicos, reveses amorosos…todas sostenidas por la ilusión, la fe o el empuje, rejuvenecidas con proyectos, golpeadas de maneras distintas y resurgiendo nuevamente de las cenizas para seguir luchando. Levanté mi copa de sidra (acepto con humildad la carcajada que les provoca mi elección de esa bebida para el brindis: todas son amantes del champagne brut) y sólo pude decirles: ¡¡¡¡Cuánto las quiero!!!
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