lunes, 4 de febrero de 2008

Regalos...que da la vida

Ayer fui al campo. Un amigo que “recientiene60”….igual que nosotros, celebraba su cumpleaños del mejor modo: con amigos y personas queridas.

Varias cosas se suman para que uno disfrute de un día pleno en calidez, afectos, serenidad, alegría…

Esa conjunción se dio ayer.

-Primero, el festejo se concretaba a la manera de un día de campo. Mágico lugar, Cuyin-Manzano, y la casa donde pasamos el día, tiene el privilegio de esas riquezas que no se adquieren con dinero: está asentada entre cerros con recortes caprichosos, en un vallecito verde- verano acunado por un río saltarín que transcurre (tranquilo y sin crecientes en enero) entre cantos rodados que en su camino arman saltos pequeñitos y pozones satisfechos de agua pura de deshielo.

Hija de la llanura bonaerense, nieta de un abuelo con un pedazo de tierra, el campo fue parte importante de mi niñez, y aunque la geografía es rotundamente diferente, algo común se respira en ambos lugares. Tan es así que la gente de lejos de las ciudades, que ha transcurrido su vida en cualquiera de ambos lugares, habla un idioma corporal y posee una temática similar, a la que no es ajena la tierra, el clima, los animales…Trasciende de ellos una silenciosa aceptación de la pequeñez del hombre, ahijado de la tierra, más que dueño, y una disposición natural acrecentada con las vivencias de una trayectoria campera, a demostrar que la palabra “gauchada” tiene una real razón de ser usada

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-Volver a la niñez en el campo, aun con diferentes escenarios, era el segundo de los ingredientes insustituibles para un día feliz.

-Otro, compartir con personas especiales y muy queridas un día completo, en este torbellino de vida en el que el medio de comunicación que se priorita y amenaza ser el primero en el uso, es el mensaje de los celulares.

-Darnos tiempo, en cambio, para revalorizar en charlas amenas la calidad humana de nuestros amigos, permitirnos a nosotros mismos nutrirnos en la escucha, ir más allá de las palabras, valorizar la reflexión que nos lleva a agradecer a la vida la amistad, la ternura, el acompañamiento, la coincidencia…

No es frecuente encontrarse con seres humanos que celebran la amistad como uno de los valores más ricos que puede recibir y entregar una persona…

Darse sin retaceos ni segundas intenciones, se convierte en la frutilla del postre del día, que de manera invisible acompaña el brindis real en el que además de Feliz Cumpleaños no se dice pero está presente la promesa de afecto genuino y prolongado, la mano tendida, el agradecimiento por haber sido enriquecido con el regalo de un noble sentimiento, el regalo de poder entregarse sin retaceos ni ulterioridades…

Si a este panorama le sumamos el chivito y el cordero al asador…deliciosos postres, variados brindis y abundantes carcajadas, la fiesta ha sido completa.

E… y L… fueron un regalo que Bariloche me hizo antes de adoptarme…Por ellos nunca me sentí sola, gracias a ellos me fortalecí en los dolores. Pero no soy yo….son muchas las personas a las que cobijan en su manto de comprensión y servicial pero discretísima presencia. Cuando me quejo de la suerte que brinda el azar, y estoy por lamentarme porque nunca seré beneficiada con la lotería, los recuerdo y dejo de lado mi autocompasión….Con haberlos conocido y poder disfrutarlos, me he llevado el premio mayor…

Creo que lo que reconforta la amistad, el valor que le damos, crece día a día, junto a nuestra madurez. Creo que es en el momento del camino más tranquilo, del descanso de la lucha permanente, de la aceptación de la marcha de la vida, en el cual disfrutar de un amigo representa uno de los mayores bienes, y perderlo, un dolor muy profundo…Es bueno y justo que hablemos de ellos entonces, y que sepan que estamos ahí, tal como ellos para nosotros, para hacernos la vida más llevadera y agradable.

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