jueves, 21 de febrero de 2008

Solidaridad generosa: un remedio olvidado para curar enfermedades

De chiquita, escuché mil veces hablar a mis mayores de la epidemia de fiebre amarilla. Los libros de historia del secundario (Astolfi), la mencionaban de pasada.

Transcribo a ustedes un artículo extraído del Diario El Médico

Durante el siglo XIX, la fiebre amarilla fue endémica en Buenos Aires.
Esta enfermedad
, originaria de Brasil, produjo graves epidemias en los años 1852 y 1859; pero la peor y la que causó mayor temor entre la población, fue la de 1871, que afectó a 45.000 de los 60.000 habitantes de Buenos Aires en sólo 4 meses. Se paralizaron las actividades comerciales, escolares y públicas. Se organizó una Comisión Popular de Socorro de la Salubridad Pública que presidió el doctor José Roque Pérez. Esta comisión incluyó a anónimos médicos barriales y otros reconocidos como Eduardo Wilde, Adolfo y Manuel Argerich, Guillermo Rawson y Carlos Guido Spano. Según estadísticas del Dr. Rawson, se registraron 13.614 muertos, siendo el barrio San Telmo el más afectado; entre ellos, muchos de los que participaron de campaña contra la enfermedad: los médicos José Roque Pérez, Adolfo Argerich y Francisco J. Muñiz; además de farmacéuticos, militares y sacerdotes. En Junio de 1871 los casos comenzaron a disminuir y la calma volvió lentamente a reinar en la diezmada ciudad.

Al comienzo del siglo XX, con sus adelantos tecnológicos y científicos, el descubrimiento de vacunas que vencieron enfermedades terribles como la parálisis infantil, campañas de vacunación masivas, adelantos en los descubrimientos médicos sobre enfermedades endémicas como el mal de Chagas, la llegada del hombre a la luna, la TV, las primeras, enormes, gigantescas computadoras, hicieron que olvidáramos el hecho mencionado y por sobre todo, que cada año y generación que accedía a este conocimiento, minimizáramos la cantidad de muertos en la epidemia considerándola casi una anécdota que restó peligrosidad a la fiebre amarilla y aparentemente murió con ella al paso del tiempo. Todo esto es historia, pero la vida se recrea y se recicla, al igual que la muerte. Por razones que habrá que investigar, de la que no está exenta la pobreza, la fiebre amarilla aparece nuevamente cruzando la azada sobre su pecho helado

En estos días, crece la angustia en Paraguay por un rebrote que amenaza la salud de la población de varias ciudades del país vecino y nuestro nordeste . Muy otra es la realidad actual, en este siglo XXI. La vacuna existe. El feroz peligro no es vencerla…Estamos equipados científica y tecnológicamente para ello. Los medios de transporte, las comunicaciones, la elaboración de la vacuna, la atención a los enfermos está lograda por el ser humano, en su búsqueda infatigable por vencer la enfermedad, por evolucionar, por hacer más larga y confortable la vida ….

Sin embargo. Hay algo que no mejora, por el contrario, involuciona: la generosidad, el espíritu solidario, el desinterés, el amor hacia el prójimo.

Mientras haya grupos que vendan las vacunas recibidas como aporte generoso desde otros países, mientras la salud de los niños se canjee por votos, mientras las personas hagan horas de cola o deban trasladarse a la frontera argentina para recibir allí su vacuna ya que en su país tienen que coimear para dárselas a sus hijos, cualquier epidemia puede con nosotros. Enfrentando esa miserable actitud, hay grupos de médicos y paramédicos trabajando a destajo sin mirar la nacionalidad de quien tienen al lado, para terminar con la epidemia…..

Al concluir todo, sin embargo, cuando la epidemia sea un recuerdo, un monstruo aletargado esperará otra oportunidad para diezmar generosidades y entregas, contaminar esfuerzos y sacrificios…el lado oscuro, detestable, de cada hombre capaz de darle precio a una vida, y acumular riquezas o poder con ella…

lunes, 4 de febrero de 2008

Regalos...que da la vida

Ayer fui al campo. Un amigo que “recientiene60”….igual que nosotros, celebraba su cumpleaños del mejor modo: con amigos y personas queridas.

Varias cosas se suman para que uno disfrute de un día pleno en calidez, afectos, serenidad, alegría…

Esa conjunción se dio ayer.

-Primero, el festejo se concretaba a la manera de un día de campo. Mágico lugar, Cuyin-Manzano, y la casa donde pasamos el día, tiene el privilegio de esas riquezas que no se adquieren con dinero: está asentada entre cerros con recortes caprichosos, en un vallecito verde- verano acunado por un río saltarín que transcurre (tranquilo y sin crecientes en enero) entre cantos rodados que en su camino arman saltos pequeñitos y pozones satisfechos de agua pura de deshielo.

Hija de la llanura bonaerense, nieta de un abuelo con un pedazo de tierra, el campo fue parte importante de mi niñez, y aunque la geografía es rotundamente diferente, algo común se respira en ambos lugares. Tan es así que la gente de lejos de las ciudades, que ha transcurrido su vida en cualquiera de ambos lugares, habla un idioma corporal y posee una temática similar, a la que no es ajena la tierra, el clima, los animales…Trasciende de ellos una silenciosa aceptación de la pequeñez del hombre, ahijado de la tierra, más que dueño, y una disposición natural acrecentada con las vivencias de una trayectoria campera, a demostrar que la palabra “gauchada” tiene una real razón de ser usada

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-Volver a la niñez en el campo, aun con diferentes escenarios, era el segundo de los ingredientes insustituibles para un día feliz.

-Otro, compartir con personas especiales y muy queridas un día completo, en este torbellino de vida en el que el medio de comunicación que se priorita y amenaza ser el primero en el uso, es el mensaje de los celulares.

-Darnos tiempo, en cambio, para revalorizar en charlas amenas la calidad humana de nuestros amigos, permitirnos a nosotros mismos nutrirnos en la escucha, ir más allá de las palabras, valorizar la reflexión que nos lleva a agradecer a la vida la amistad, la ternura, el acompañamiento, la coincidencia…

No es frecuente encontrarse con seres humanos que celebran la amistad como uno de los valores más ricos que puede recibir y entregar una persona…

Darse sin retaceos ni segundas intenciones, se convierte en la frutilla del postre del día, que de manera invisible acompaña el brindis real en el que además de Feliz Cumpleaños no se dice pero está presente la promesa de afecto genuino y prolongado, la mano tendida, el agradecimiento por haber sido enriquecido con el regalo de un noble sentimiento, el regalo de poder entregarse sin retaceos ni ulterioridades…

Si a este panorama le sumamos el chivito y el cordero al asador…deliciosos postres, variados brindis y abundantes carcajadas, la fiesta ha sido completa.

E… y L… fueron un regalo que Bariloche me hizo antes de adoptarme…Por ellos nunca me sentí sola, gracias a ellos me fortalecí en los dolores. Pero no soy yo….son muchas las personas a las que cobijan en su manto de comprensión y servicial pero discretísima presencia. Cuando me quejo de la suerte que brinda el azar, y estoy por lamentarme porque nunca seré beneficiada con la lotería, los recuerdo y dejo de lado mi autocompasión….Con haberlos conocido y poder disfrutarlos, me he llevado el premio mayor…

Creo que lo que reconforta la amistad, el valor que le damos, crece día a día, junto a nuestra madurez. Creo que es en el momento del camino más tranquilo, del descanso de la lucha permanente, de la aceptación de la marcha de la vida, en el cual disfrutar de un amigo representa uno de los mayores bienes, y perderlo, un dolor muy profundo…Es bueno y justo que hablemos de ellos entonces, y que sepan que estamos ahí, tal como ellos para nosotros, para hacernos la vida más llevadera y agradable.