miércoles, 30 de julio de 2008

Estado de Miedo


Estado de Miedo es mucho más que un apasionante thriller tecnopolítico.

Sacude de tal manera al lector, que éste comienza a dudar de todo lo que ha leído y conoce sobre este tema tan candente, y lo deja, al concluir el libro, con una postura de “quiero saber más” y ¿”Me habrán engañado?.

En París muere un físico, luego de mostrar un experimento de su laboratorio a una hermosa mujer. En la selva de Malasia un misterioso individuo compra maquinaria de exagerada potencia y capacidad. En Vancouver, alguien alquila submarinos pequeños para investigar en los mares de Nueva Guinea…

Y de ese modo, y a un ritmo trepidante Michael Crichton nos mete en una realidad que desconocemos, en donde campean el ecoterrorismo y se encuentran científicos capaces de modificar o manipular datos según las necesidades de las organizaciones que subvencionan sus investigaciones…..Lo más terrible es que nos habla, magistralmente, como él sabe hacerlo, de una terrorífica realidad actual y no de un posible escenario del futuro.

Lo encuentra, por supuesto, en Upssala, el rincón de los libros favorito de Bariloche.

jueves, 3 de julio de 2008

Cuál es el límite


La muerte de una jovencita de 18 años en un quirófano, abre la tenebrosa, perversa caja que guardaba hechos similares de pérdida de personas, de fallecimientos que la justicia tardó en investigar, que se perdieron en el papeleo burocrático, de complicidades y encogimiento de hombros de colegas…

Y la pregunta es ¿Cuál es el límite de la desidia, del “qué me importa”, del tirar para adelante, de la falsa camaradería o compañerismo profesional?¿Cuántas muertes deben acumularse para darnos cuenta que una sola de ella es más que suficiente para jugarse por el respeto a la vida?

Una madre que llora sufriendo el más desgarrante, el menos entendible de los dolores de un ser humano: la muerte de un hijo…Un padre que añorará para siempre el futuro del que su hija nunca gozará, una pareja peregrinando años por situaciones similares hasta que las causas prescriben y las manos quedan más vacías que nunca….

Por otro lado, la subestimación de la propia profesión que lleva hacer las cosas de manera rápida, chapucera, la complicidad de una firma, la no solicitud de documentos que respalden la capacidad y la capacitación, el silencio responsable, se suman para que la vida sea algo poco importante….

¿Dónde quedó el juramento hipocrático?¿dónde, aquella llamita que algún día llevó a un muchachito a la universidad para desear salvar vidas, para paliar el dolor y la enfermedad?¿Quién o qué tipo de desgaste devoró el orgullo del director de una clínica que hacía, al principio de su tarea y con su labor responsable, un aporte generoso a otros seres humanos? ¿Qué quedó de esa enfermera que estudió, admiró y prometió imitar la vida de Florence Nightingale, y cuyo propósito se perdió a lo largo de transitar por los pasillos y las habitaciones?...

Pareciera que de un médico uno espera una abnegación que no le pedimos a un mecánico…tal vez porque nos enseñaron que aquellos que trabajan con seres humanos en cuerpo y espíritu, se deben con más entrega, con más generosidad, con ineludible responsabilidad a su labor, que los riesgos que se corren al trabajar con material humano son mayores. Tal vez no sea así. El mecánico, el peón de campo, el ingeniero, todos, al fin, tenemos actividades que se imbrican con el hombre….Pero a lo largo de los años de la tierra, el hechicero de la tribu,la machi, el curandero, el médico han estado en un plano superior de respeto y admiración que el resto de las personas.

Hoy murió una jovencita de 18 años por falta de principios, por indolencia, por complicidad, por falta de valoración hacia la vida. Espero y deseo que todo el peso de la ley, sin concesiones ni disculpas, sin chicanas y justificaciones, caiga sobre TODOS aquellos corresponsables de tal terrible hecho. Esos padres no tendrán nunca más la posibilidad de compartir una sonrisa con la hija muerta, pero ellos y muchos de nosotros, sentiremos un leve, muy leve pero necesario alivio, pensando que la sociedad que sanciona quiere seguir estando sana.