Marita, la soltera impenitente del grupo, amante de las ciencias exactas, química y otras yerbas (puajjj!!!!), la del secreto de su creencia a ojos cerrados sobre la “verdad” de tarotistas, videntes y astrólogos, me llamó tarde anoche, temblorosa como una paloma torcaza enredada en una zarza
Hasta su voz, habitualmente serena, un poco grave, bastante sensual, tenía un filo de pánico….
En un minuto, un torbellino de ideas malas se cruzó por mi mente ¿robo? ¿violación?¿descubrieron su secreto en la Universidad en donde da clases?...
Bueno, la verdad, tuve que tranquilizarla para que pudiera contarme.
Y ruborosa y temerosa a la vez, Marita me habló de amor…
¡¡¡¡Marita enamorada!!!! Un alegre golpeteo de anticipación chocó violentamente con los miedos de mi amiga…la inconquistable, el bastión de la soltería, cuidadosamente abroquelado luego de dos grandes desilusiones a los 30……
-Me siento ridícula, me decía…¿Cómo puedo ser tan chiquilina y enamorarme de un hombre con quien me encontré casualmente la primera vez en la cola del Banco?...Yo no puedo creerlo. Una larga fila….media hora de charla….tres llamados telefónicos, dos salidas a tomar un café….¿a esta altura?....
(Y fue larga la charla, y la reflexión posterior, y largo, firme y esperanzado el anhelo de Marita por escuchar justamente lo que necesitaba oir)
No, Marita, esto que pienso es para vos hoy, y para muchas mujeres u hombres mañana, pasado, algún día….Y escuchame...
Bien, dije con recuerdo del dedo en ristre de la ausente tía...
-¿Quién ha probado científicamente que el amor es para los jóvenes únicamente?
- ¿Por qué creer que cuando la piel se marchita y las caderas se engrosan, se arruga “el bigote” y reniegan las articulaciones luego de una acelerada caminata, paralelamente el corazón no late, las fantasías se mueren, los deseos están narcotizados y no necesitamos amar y ser amados?...
Muchas mujeres de nuestra edad dicen, como disculpándose: me gustaría tener “un compañero”…No lo disfrace, amiga…Ud desea palpitar y emocionarse, quiere que la mimen y disfrutaría sin dudarlo de un momento de pasión…pero tal vez le avergüenza decirlo por que son temas prohibidos a nuestra edad, resultan ridículos en su boca si el interlocutor es joven y hasta sus pares le mirarían de costado de modo condenatorio (¿o envidiosamente hipócrita?)
Marita, al concluir la conversación, se escuchaba 20 años más joven, sólo por el simple hecho de que no la hubiese condenado…
Le recordé al despedirnos una canción de Alberto Cortéz que habla de el amor de unos abuelos, criticados por el pueblo en que vivían, y sobre todo, le recordé “No sabemos cuánto nos queda, Marita…pero sí sabemos que es menos de lo que hemos vivido…Si este amor te da un día, dos, tres, un mes de felicidad….bien vale que lo vivas….
Y al colgar, recordé una de mis frases favoritas “Vive mejor, quien con mayor riesgo se entrega”, y me fui a la cama , acunando la historia recién comenzada de Marita, y con el deseo apenas confesado para mí misma, de poder vivir algo similar: volver a amar...
¡Adelante corazón! le susurré al mío....no te niegues a aceptar la posibilidad...¿cuántas heridas más estás dispuesto a soportar?...pues no serán más profundas que las cicatrices que ya tenemos, y casi dormida, no sé si dije o pensé...
¿Existe algo más hermoso en este mundo?

1 comentario:
Excelente artículo, Celia...!
Yo le hubiera contestado lo mismo a una amiga.Me encantó tu frase respecto a que no vas tener más heridas que las cicatrices que ya tenés.Y que no importa lo que dure, un día, un año, un siglo, pero mientras dure te haga sentir mujer, aunque tengas más de sesenta.
Mirta
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