martes, 15 de mayo de 2007

Believe or not Believe. That is the Question


Cuando en mis dieciocho (allá lejos y hace tiempo), se acercaba el momento de emitir mi primer voto, como siempre algo romántica, y bastante transgresora para esa época (me negaba a heredar el voto familiar), recorrí con la petulancia propia de la edad, todos los locales o unidades básicas de los partidos existentes, y solicité las bases, plataformas y doctrinas, para poder realizar un “voto pensado e inteligente”…..

Alguna sonrisa cansada, con un dejo de añoranza por mi actitud, alguna alegría sana por el futuro de la patria en manos de jóvenes deseosos de tener un país mejor, y un montón de hojas apretadamente escritas, me compañaron a mi casa donde organicé carpetas con el nombre de cada partido, y ocupé mi tiempo sobrante del estudio y del trabajo para meterme de lleno en descubrir quién merecería tan repensado y decidido sufragio.

Pero ¡oh sorpresa!...en pocas horas descubrí que todos los partidos tenían altruístas objetivos, que exaltaban la igualdad con indéntico entusiasmo, que prometían honradas decisiones para la felicidad del pueblo a quien servirían…que….que ….que…

Han pasado muchos años y muchas desilusiones. La romántica muchachita es hoy una descreída señora que se resiste a serlo por estructura y lo es por experiencia.

El cáncer destructor del poder corrompe sin mirar a quién…los motivos egoístas, las componendas más estrafalarias, los acomodos y nepotismos, las cuentas pendientes por compra de votos; los enriquecimientos ilícitos, las transformaciones camaleónicas son parte del pan de cada día en la vida política argentina.

Y cuando llega la época de elegir, me enojo conmigo misma porque me resisto a votar por lo que creo “lo menos malo”.

Detesto los comentarios como “No me importa que robe, mientras haga algo”, “ellos son unos corruptos” (¿de dónde salen ellos, señor, sino de nuestras familias, costumbres e idiosincracias?) “va a durar poco porque es demasiado decente” (y lamentablemente sucede, aunque me pregunto y repregunto cuándo es alguien de-ma-sia-do decente: o es o no lo es,¿para qué agregar el adjetivo?

Amo a mi patria. Estoy orgullosa de ser Argentina. He tenido la suerte de viajar un poco por este mundo y en ninguno de esos lugares que disfruté quisiera vivir permanentemente. ….

Pero tengo que decir que ya nadie recuerda que gobernar es servir, que varias generaciones no tenemos modelos políticos, por lo tanto, no tendremos historia de grandezas y gestos generosos.

Hasta esto me ha sucedido: preguntarme (y negarlo inmediatamente para no envenenarme) Qué motivos personales pudo tener Belgrano para hacer la campaña al Norte, cuando su arma era la pluma, y calzó el uniforme militar muriendo pobre y olvidado….o qué beneficio podría estar buscando San Martín cuando, dejando desguarnecido el río de la Plata, inicia su gesta heroica de los Andres para libertar tres pueblos americanos….

Y miren, me da mucha rabia que me hagan dudar de nuestra propia historia, de la existencia de objetivos bajos y despreciables de los únicos dos próceres, que a mi juicio, tiene la patria…

Por lo tanto, trato de no mirar “campañas”, porque me encuentro contestando al televisor…tomo con pinzas las noticias políticas, miro de reojo algún debate más o menos sucio y cada vez más agresivo…y no me siento orgullosa por ello, pero vale la confesión sincera….¿A ustedes, no les sucede algo parecido a mí?...Sinceramente, saberlo sería un enorme alivio para mi conciencia ciudadana.

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