Zumbando quedó en mi cabeza el tema, y busqué entre la gente conocida ejemplos que me llevaran a profundizar el tema de manera práctica…y se me ocurrieron varias cosas…
Empecemos por decir que nos sentimos bien cuando gustamos a los demás, y que con más o menos permeabilidad, todos somos lábiles a los elogios. Nos regocija el aprecio, el reconocimiento…y no pensamos, tal vez, o ni nos damos cuenta, que esto puede tener un precio: la libertad.
No es malo querer que nos quieran…el amor en todas sus manifestaciones es, o debiera ser, el motor del mundo humano y me alegro de ello. Pues en el amor (un buen amor) sólo cosas buenas pueden gestarse.
Pero a veces, ganar esa buena opinión implica comportarse de
determinado modo que significa que “los otros” nos aprueben.
Cuando ser aprobado significa tener que preocuparnos por cómo decir lo que decimos, vivir con las reglas, valores e ideas de lo correcto o incorrecto según parámetros de los demás, cuando vivimos preocupados por generar una buena impresión, somos más fáciles de manipular, sufrimos un enorme desgaste emocional, y podemos allegar sentirnos avergonzados e incómodos por la distancia entre nuestros pensamientos,gustos o actitudes, y lo que esperan de nosotros.
¿Tan esencial debe ser una opinión favorable de todos?.
¿Por qué mejor, y más sano, no decidimos que somos cada uno de nosotros mismos la única persona que tiene el derecho de aprobarnos o censurarnos?
Querer la aprobación de los demás nos hace dependientes e hipócritas.
Tampoco es cuestión de regodearse y desafiar con las diferencias. Aceptemos que son libres de pensar como deseen de nosotros, y nosotros, libres de serlo, sin presiones internas alimentadas por presiones externas que nosotros mismos hemos tejido con el hilo de la baja autoestima.
En esta vida, creo, habrá que aceptar que algunos nos condenen o desaprueban, y que otros no. Pero no podemos dividirnos esquizofrénicamente, para satisfacer a todos….menos a nosotros mismos-
Es difícil para nuestra generación, ya sé….el prejuicio, la culpa, el pecado del ocio, son cosas con las que fuimos acunados con mucho amor, por lo tanto, sin responsabilidad para nuestro mayores.
Es hora de que tomemos nuestras propias riendas, seamos como somos y
como nos hace bien ser. No hay nada más gratificante que mirar nuestra propia cara en el espejo y no avergonzarnos de vernos…
¿no les parece?
Si les gusta profundizar el tema, le sugiero que lean “ Máxima autoestima” de Jerry Minchinton. Editorial Sirio. Lo encontrarán en Upssala, una cálida y bien surtida librería con culta y atentísima gente (el dueño y las chicas) ubicada en

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