miércoles, 13 de junio de 2007

Esa inefable y grande palabra...

Ternura…Si tuviera que definirla diría que es el más casto, generoso, benéfico y dulce de los sentimientos.

Acompaña al amor, agregándole dulzura, a la congoja ajena, transformándola en tierra menos estéril…Está presente en el afecto, se esconde tímidamente en la cordialidad, ocupa un espacio importante en el cariño, es el mejor remedio contra el enojo.

Sale por los ojos, aunque las palabras no la denoten…la escuchan todos los oídos, aunque lo que se dice no la signifique, la disfruta el tacto, ya que envuelve a modo de caricia con su presencia.

No tiene edades ni preferencias. Se manifiesta ante los ancianos y los chicos, ante situaciones dolorosas o felices, acompaña a las parejas y a los familiares, se hace presente con los amigos y los amantes…

Tengo una amiga muy querida, (F), que hace muchos años la esconde con empecinamiento, como si fuera un signo de debilidad…

La vida la ha sacudido como hoja en una tormenta y tal vez se amuralle contra la ternura para evitar nuevos embates…

Si pudiera, se la inocularía, como una vacuna cualquiera, por que estoy segura de que Ternura es buena, tiene poderes sanadores, y contagia hasta al más frío y distante de los seres humanos.

La rechaza, pero no puede del todo…en sus grandes ojos celestes e insondables, asoma muchas veces y la reprime..

Otra persona especial y definitivamente querida, (M) sin darse cuenta, la elimina con cierta frecuencia en su quehacer diario para afrontar duras responsabilidades que no hacen lugar a la ternura. Ruego por que no la pierda olvidada en algún recodo, y quede anquilosada, enquistada , perdiendo oportunidades de sentirla y entregarla. Cuando la expresa, cambia su voz, su cara se ilumina, y todos a su alrededor bebemos de ella con anhelo.

Si pudiera, las convencería de lo hermoso que es disfrutarla, les susurraría que abran la puerta y la dejen pasar…hasta los momentos más difíciles, y en las situaciones más tensas, cuando ella está presente entrega un rayo de luz que inunda el alma

Prueben retar a un bebé diciendole palabras bellas, sin poner en la voz ni una pizca de ternura. Y, al revés, díganle cosas feas, negando el amor que por él siente, pero con mucha ternura en la voz….y comprobará que reacciona pataleando y gorgeando en el segundo intento. Nada más perceptivo que un bebé, que se alimenta y crece tanto por la leche como por la ternura.

Agradezco a la vida la posibilidad de sentirla, creo que es un regalo valioso que ella me ha dado, y aunque algunos se avergüencen de ella y la rechacen, intento contagiarlos…

Y recuerde: cuando otras formas de amor se van de nuestra vida por partidas definitivas, alejamientos, cambios, malos entendidos, hay una compañera fiel que nos trae aromas bellos y nos protege del frío. Es la ternura, a la que tal vez equivocadamente, consideramos la hermanita pobre que alimenta el alma

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