jueves, 10 de mayo de 2007

A partir de la pasión de leer


Me apasiona leer. Si tuviera dinero en cantidades importantes, disfrutaría mucho más de dos cosas que amo: leer y viajar, o viajar y leer, creo que están a la par en mis preferencias.

Empiezo con los libros, ya hablaremos de viajes, si ustedes quieren…

Mi hija me dice que mi biblioteca es el propio ejemplo de una geminiana. Si ustedes la recorren, encuentran libros sobre arte, decoración; bordado en tapiz y labores en general; novelas históricas, best sellers;didáctica, pedagogía y psicología; astrología, historia de la música, autoayuda; clásicos; teatro, poesía, cine; filosofía; geografía, computación, cocina, y podría agregar algunos tópicos más.

Y entonces, apretujados por la falta de estantes, duermen juntos en quien sabe qué orgía misteriosa Anatole France con Danielle Steel; Tales y San Agustín (con perdón) Clancy con el Dr Michaux, Eric María Remarque con Piaget, y miran asombrados desde arriba o abajo (según la colocación caprichosa que tiene que ver con la altura del estante) Forsyth con Montessori, Cabot y Kalh (justamente autores de Relaciones Humanas (¿¿!!)

Avergonzados de estar cerca de tanta mezcla y uniones cuasi perversas, el Antiguo y Nuevo Testamento cierra los ojos ante Jackie Collins, y se avergüenza de la Antropología de Cassirer y de Sara Gallardo con sus galgos…o Borges mira con ojos ciegos y actitud despectiva a Ken Follet…. y así podría seguir durante un rato.

Basta que una amiga me diga ¿Leíste….? Para que me pique el bichito por saber de qué se trata.

Nunca he dejado un libro sin concluir, aunque me parezca horrible. Luego de haberlo leído, diré que no me gusta, pero siempre leo la palabra fin antes de bajarle ominosamente el pulgar.

No me considero culta…soy solamente una persona curiosa….ya que, entre otras cosas, detesto con cordialidad, asombro, respeto y total resistencia a la química, matemática y física , que aprobé debidamente cada año del secundario sin llevarme a examen, sólo porque eran las obligaciones morales de la época.

Adoro leer hasta la madrugada, y más de una vez, he apagado la luz pensando en el madrugón del día siguiente, y he vuelto a encenderla para leer otra horita más, alegremente sacada al descanso, por la que pagaré al día siguiente con estoicismo (“Calavera no chilla” hubiera sermoneado Tía Jovita)

Esa inclinación por la lectura no nació de casualidad. Vengo de una familia de lectores. Y desde pequeñitas (hablo de tres años en adelante), un rato previo a la “hora de apagar la luz”, mi madre nos leía historias. Corazón, La Cabaña del Tío Tom, y otros cuentos (poca imagen y mucha letra, típico de aquel entonces). Y recuerdo que, ya adolescente, cuando mi padre gritaba desde el otro cuarto “basta de lectura y a dormir”, le obedecíamos a medias, porque leíamos debajo de las sábanas con una linterna por un rato más.

Cuando mis hijas eran pequeñas, repetí la costumbre, a pesar de trabajar fuera de casa. Y sin dudas pude comprobar que la costumbre creaba en ellas una enorme apetencia por descrifrar tempranamente los signos que daban origen a los cuentos: la palabra, las letras…

Sé que es difícil hoy. La TV ha ganado su espacio y se habla de la generación del zapping. La imagen gana a la palabra y ésta pierde valor, presencia y calidad a pasos agigantados y sin defenderse fieramente…

Pero creo (y quiero) que no desaparezca el libro, que no se olvide el contacto íntimo y personal que se establece entre el lector y la historia, que se pueda seguir gozando de las cosas bien dichas, que se enriquezca el lenguaje y se mejore la ortografía de modo inadvertido y gozoso…

En estos casos, me alegro de vivir los sesenta….

No puedo leer un libro de la compu si antes no lo imprimo, por lo tanto, ya no lo leo de la compu, aunque la considero valiosa, útil y hasta creo que me he hecho dependiente de ella en muchos aspectos…

Prefiero no ver películas hechas a partir de libros que ya he leído, pues nunca me gustan más o igual que lo que el libro, mi imaginación y mi mente crearon juntos al estar en contacto

Y como no puedo con mi genio, le paso un dato y le cuento que cuando descubrí la saga de Jean M. Auel, enloquecí a dos o tres libreros hasta que me consiguieron todos los tomos … se los recomiendo…

1 comentario:

MIRTA NUÑEZ dijo...

Aquí otra geminiana, lectora polifacética como Ud. y con gustos similares: leer y viajar, viajar y leer. En mi biblioteca conviven también los más diversos autores: narrativa, poesía, psicología, derecho, coaching, informática, filosofía, etc. etc.
También mis padres, desde chica, me inculcaron el hábito de la lectura y es uno de los mejores legados que me dejaron.
Podía faltar dinero para algo superfluo, pero nunca faltaba para un libro.
Un libro siempre fue para mí el mejor regalo (para recibir y para hacer) y dicen mis amigos que tengo el don de regalar el libro exacto en el momento preciso.
Recorrer las librerías de Av. Corrientes es para mí un hábito al que no podría renunciar.
Justamente hoy leí en el diario que se está perdiendo el hábito que los padres les lean cuentos a sus hijos pequeños. ¡ Qué pena!
Uno de los mejores recuerdos que tengo de mi infancia es estar junto a mi madre leyéndome por enésima vez, a mi pedido: "Doña Eutimia de Alcalá y sus siete gatos maravillosos".
Hoy uso todas las herramientas cibernéticas que están a mi alcance, pero un libro de papel, sigue siendo para mí, la maravilla.
Un cordial saludo y felicitaciones por el blog,
Mirta Núñez
www.mirta-nunez.com.ar