“Qué querés que te diga”, me comentaba mi amiga Elda días pasados, " Milena, mi hija, estuvo en la primera reunión de padres que hizo el Jardín al que asiste Federico”. “Excelente Colegio, organizado, con un amplísimo espectro de ofertas, maestros seleccionados,trabajadores, comprometidos etc…..pero creo que hoy, son los padres los que no están, en general, preparados para criar hijos transmitiendo ejemplos y valores…” Y me contó lo siguiente: La reunión se organizó con una consigna de trabajo en grupos de 5 ó 6 padres y madres, en la que se solicitaba “armar un trencito” colocando, primero en la máquina y luego en los vagones, en orden de prioridad, carteles con palabras que los mismos padres seleccionaban y enunciaban, y que deberían responder a los requerimientos y expectativas que ellos tenían en relación a qué debe brindar la última sala de Jardín a sus hijos.
Surgieron así en, rápido intercambio, palabras como : felicidad, amor, juego; compartir; libertad; amistad; prestar; diversión……
Milena, criada “a la vieja usanza” intentó en su subgrupo, tímidamente, realizar una reflexión sobre qué entendía cada uno por “valores”, intentando explicar, de manera muy delicada, que algunas de las palabras enunciadas eran actitudes, otras estados de ánimo, y otras, ingredientes que sumados, darían lugar a la formación de esos valores.
Seis caras entre sorprendidas y pétreas la volvieron a dejar calladita y sin intervenir por largo rato.
Pero como pudo más su genio, volvió a las andadas intentando meter, no le importaba ya si valores, pero por lo menos condiciones que ella y su esposo aspiraban de la educación a lo largo de la vida institucional de sus hijos, y respirando profundo, tipo ametralladora, largó sin comas ni pausas: curiosidad respeto apetencia por aprender saber escuchar pedir disculpas agradecer aceptar las diferencias no criticar los esfuerzos de otro adquirir hábitos de persistencia ejercitar la voluntad…
Definitivamente, sintió que sus palabras habían caído en una caja negra que se las engulló sin que nadie fuera conciente de que habían sido dichas. Por el contrario, la mamá “de al lado” dijo susurrando y mirando de reojo al resto de los padres: “Son muy chiquitos para esas cosas”. Justo entonces, ya estaban las docentes retirando la tarea, entonces Milena rogó silenciosamente, que en las otras mesas ALGUIEN hubiera pensado como ella…
Ya que tenemos la opción de decir, pensaba, espero que el Colegio tenga la oportunidad de escucharnos, y pueda compartir o disentir en la prioritación de los objetivos que tenemos.
En fin, terminó diciendo mi amiga, Milena llegó a casa desanimada y con su rubio cabello alborotado de tanto sacudir la cabeza…
Con casi absoluta coincidencia….la palabra LIBERTAD ganó la ubicación de la máquina del tren definitivo, resultante de la sumatoria de la máquina de cada subgrupo….le siguió amor, juego y diversión en cada uno de los vagones…
Y yo, luego que mi amiga colgó el teléfono, me quedé pensando cuándo piensan esos papás que es tiempo de empezar a formar hábitos… en qué momento creen que debe aparecer el “no” que vilipendiado por algunas posturas pedagógicas, no genera per sé frustraciones, complejos o heridas que obligan a alguien a caer en el diván… cuándo piensan ellos que el niño, la más valiosa de las esponjitas de la naturaleza, está “preparado para aprender”….cuándo, por Dios, debe comenzar aprender a respetar a otros…
En fin, amigos papás de treinta y….no se enojen conmigo….discúlpenme….es la opinión firme de una de sesenta….y no doy un solo pasito atrás
Para que quede claro, por supuesto que yo ubico el AMOR en primer lugar, pero éste y la Libertad no niegan el límite, por el contrario, lo generan para lograr personas realmente amorosas y libres ¿no es así?

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