Es la dueña de mis caricias más apasionadas y tiernas, protagoniza las palmaditas con que calmo a mi nieta cuando está angustiada, como lo hizo antes con mis hijas,( y como tiene buena memoria, conserva aun el calor de esas mejillas )
Me ayuda calladamente a batir aquellas tortas con que agasajo a mis amigos…Tiene la iniciativa de calmar mi ansiedad mesándome los cabellos cuando una tensión me corroe…
Me acompaña desde hace mucho tiempo y descubrí el valor de su presencia a los pocos años de vida.
Me da fuerzas para firmar un compromiso.y es ella la primera en abrirse generosamente dando una bienvenida
Cuando estoy muy enojada, se cierra sobre sí misma, acompañándome en la rabia y la impotencia…Ha dicho por mí, de manera terminante, sufrida, dolorida, expectante, feliz y alegre, todo aquello que mi boca no podía decir…
Más de una vez, sin que yo me diera cuenta, disimuló las lágrimas que se deslizaban por mis mejillas, y detrás de ella me escondía cuando los sollozos atenaceaban mi garganta.
Es la que significó mis rechazos, me alimentó, sostiene muchas veces mi sueño y en algun momento me ayudó a realizarlos.Muchas veces, colabora con mi lectura y me permite ayudar a otros.
Ha sido capaz de pelear por mí, o de llamar la atención a alguien que se marchaba sin verme…
Como contrapartida, no siempre le doy importancia.
La tengo tanto conmigo, que sin ninguna generosidad, la desdeño del modo más doloroso: la trato con indiferencia.
Hoy comparto con Ustedes el sentimiento de afecto y agradecimiento y lo hago público, porque tal vez a Ud le suceda lo mismo.
También comprenderá por qué no le puse título a esta reflexión….Hubiera sido obvio y Ud no hubiera terminado de leerme.
Se llama mi mano derecha...


No hay comentarios.:
Publicar un comentario