Tenía cara de cansada…A los 65 años disfruta de la ternura y la alegría de su nieta, tanto como lamenta el dolor de su cintura a la hora de irse a acostar, luego de juguetear con su chiquita, que cuando la ve acariciarse la base de la nuca para consolar a sus cervicales se burla diciéndole “Ay, abu, ¡estoy muy vieja para estas cosas!”, plagiando los dichos de su abuela cuando ella le exige demasiado.
Yo me había olvidado del lío y el movimiento que generan los fines de año escolar…
Si bien voy a los actos de los nietos, los veo sentada muy cómoda en el salón múltiple del Colegio, primorosos con su trajecitos de disfraces o muy formales, según la edad, y no recordaba, hasta mi charla con Renata, las cosas que uno pierde (y gana) con los años...
Termina el año, suspira y agrega: Lo decimos con alivio. Siempre. No importa si tenemos a quien acompañar y que depende de nosotros, ya sea en edad de preescolar, primaria, media o universidad…
Por que nos ha tocado seguramente, el disfraz de un chimpancé o de una araña…porque los actos se suman y las clases especiales en las que las maestras nos muestran el resumen de un año de trabajo se suceden a la velocidad de una ametralladora disparando…porque estuvimos haciendo malabrares y equilibrio, persecución reflexiva y constante con matemática y el riesgo de tener que recuperar en marzo, por lo que las vacaciones estaban amenazadas con nubarrones más que oscuros…porque las salidas de los fines de semana de nuestros adolescentes los transforman en amnésicos a la hora de cumplir con las obligaciones y todo corre el riesgo de derrumbarse luego de calificaciones aceptables…
Equipo de gimnasia o delantal….blanco o azul, a cuadritos o como vos quieras….También la ropa usada durante todo el año pide socorro y aspira a la jubilación adelantada….
Y por fin, al final como habitualmente, nosotras,mujeres madres o abuelas, y nuestros esfuerzos de iniciar la mañana con el desayuno en la cama para la cuadrilla, preparar alguna vianda, repetir una poesía mientras los peinamos, (mezcla exacta de
"Y nosotras, especialmente, las abuelas, que ya a nuestra edad añoramos un ratito más en la cama….y que nos gusta despertarnos sin el alarido del reloj…y que nuestros huesos y músculos piden lentitud para no quejarse , que nos encanta envolvernos en viejas batas calentitas, recorrer la casa sola con el matecito mientras miramos las plantas de interior…volvemos atrás, -me decía Renata estoicamente sonriente, mirando a su nieta hacer piruetas durante su charla conmigo- , y lo hacemos con amor y volveríamos a hacerlo mil veces, aunque muchas cosas vengan de contramano de nuestras energías e inclinaciones…
Nos volvemos jóvenes por mágicos instantes, subimos al escenario a buscar el diploma de egreso de Jardín en un encontrado nudo de sentimientos, de no aceptación, de rebeldía dolor , añoranza, recuerdos y orgullo y pensamos que tal vez, si la vida nos regala años, volveremos a vivir el sindrome del nido vacío…Y pedimos tiempos a la vida para acompañarlos hasta el último diploma con lucidez y dignidad…por otra parte, el obstáculo de los escalones del escenario sin baranda, nos confrontan con la inseguridad del paso, que no es, de ningún modo, la grácil carrerita que hicimos cuando nuestros hijos estaban en la misma situación de egreso del preescolar.
Y abrazando a su nieta que a las carcajadas quería comunicarle vaya a saber qué maravilla descubierta, me dijo con una sonrisa plena y los ojos brillantes…”tengo tanto más en el alma, que es lo que me permite paliar las ausencias, que me pregunto a veces qué haría sin ella".


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