Hermoso día de primavera… el cielo sin una sola nube, el sol, calentando a modo de caricia mimosa jugando un contrapunto con las retamas florecidas. No conozco ningún otro lugar en el mundo en donde las flores de retama estallen de tal modo en su amarillo brillante, que asesinan sin ningún remordimiento cualquier hojita verde que pretenda quedarse en las ramas .
Día de primavera, me dije sonriendo… y los tulipanes rojos me cantaron un arpegio ensanchando mi sonrisa
Los ví venir…y todo se transformó en gris y triste, cambió el ritmo de mis pasos, y creo que sin darme cuenta extendí una mano para ofrecerles ayuda.
Los vi venir…y ellos no se dieron cuenta.
Ciegos a lo que los rodeaba, ajenos a sí mismos. Perdidos en un mundo que no podemos tocar ni compartir.
Eran dos chicos…17 y 15, tal vez…tomados de la mano y mirando sin ver un mundo en el que no estaban. Tropezaban…iban y venían en una marcha zigzagueante y los ojos vacuos (celestes los de la chiquita, grises los de él) se posaban en la nada, mirando tal vez, también sin ver, el abismo en el que caían…¿Enfermos?,¿borrachos? me pregunté….Y luego sentí vergüenza de mi propia, tonta inocencia…
No soy de la generación de la droga en los boliches, me crié y desarrollé mi vida adolescente en un pueblo pequeño, no era un tema que preocupara a los padres de mi época adolescente…por lo tanto, soy bastante ignorante en el tema. Fueron mis hijas y sus amigas las que me informaron al respecto, por las que leí sobre el tema, y por las que distinguí el olor a marihuana al pasear con ellas, quienes me lo indicaban para que lo conociera.
Me dí vuelta varias veces, no con curiosidad malsana. En un torbellino de pensamientos me pregunté sobre los padres, miré la hora, pensé si podría cercarme a ayudarlos o acompañarlos a casa, me reté a mí misma por meterme en lo que no era mi tema.
Me apené tanto, me angustié tanto, me dí cuenta que me preocupaba como abuela antes de tiempo , como tía abuela…Recordé a mi querido Lucas, de 16 años, cuyos padres sufren porque es un lector voraz, pasa horas en la compu, prefiere las relaciones adultas a las de los pares y no vive con plenitud su edad.
Todo el día restante, un dejo de dolor por la sociedad, el futuro, el mundo me acompañó nublándome la alegría…y me dí cuenta que el mayor dolor estaba generado por la impotencia, por la inevitable aceptación de darme cuenta que nada podemos hacer desde nuestro ignorado lugar de ciudadanos….
Los ví venir…el sol perdio su brillo, la retama bajó la cabeza con vergüenza y los tulipanes callaron su canto….
El mundo se sumó a mi duelo por el mundo.


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