Elda es una mujer preocupada por el prójimo cercano, y respetuosa del prójimo lejano.
De todo el grupo de las “chicas” que nos reunimos, es quien más atenta está a la vida de cada una, para poder comunicar al resto y “dar una manito” de apoyo.
Ayer, inició la cadena de información pues había recibido el llamado de Elena, quien, desbordada, angustiada, luego de un mal rato pasado por algunos comportamientos erráticos de su esposo, llamó a Elda y, entre sollozos y silencios, pudo volcarle todos sus miedos, dudas y el oscuro panorama de un futuro más o menos lejano, pero certero
En nuestra última reunión, fue la receptora inocente de un mal rato en la mesa de la confitería. Renata, quien tiene sus propios problemas por la crianza de su nietita a una altura de la vida en la que sabiamente la naturaleza no nos regala hijos y que pelea con fuerza la situación y el dolor, nos comentó, riendo, que había comenzado a estudiar alemán, lengua que su nieta aprende en el Colegio al que asiste. Y dijo, con total desapercibimiento del problema de Elena, que intentaría dedicarle un tiempo, y creía que podría compartir con su nieta esa experiencia. “Un poco para ayudarla, para estar cerca de ella, dijo, y también” - agregó sonriendo con forzada alegría- “porque dicen que al aprender un idioma extranjero, se concretan en el cerebro sinapsis celulares que a esta edad ya no son frecuentes, previniéndose de este modo el riesgo de que te agarre otro alemán….así, aunque te corra, no te alcanza el Alzheimer”….
Y qué consolador resulta en estos casos sentir y vivir la palabra “amigo”. Estoy absolutamente segura que cada una de nosotras, con sus más y con sus menos, con nuestras características y convicciones, nuestras diferencias y nuestras pequeñeces, nos tenemos hondo cariño, bastante tolerancia y estamos “al pie del cañón” en tanto una lo necesite…Ese tipo de relaciones, descarnadas y generosas, pueden sostenerse, enriquecerse y valorarse con más intensidad a los sesenta….¿no les parece?
Los científicos también han descubierto otros cambios en el cerebro de las personas que tienen esta enfermedad. Estos cambios tienen que ver con la destrucción de células nerviosas en áreas del cerebro que son vitales para la memoria y otras facultades mentales, lo cual causa la interrupción de las conexiones entre las células nerviosas. También se presentan niveles más bajos de algunas de las sustancias químicas del cerebro que se encargan de la transmisión de mensajes entre las células nerviosas. La enfermedad de Alzheimer puede alterar los procesos del pensamiento y la memoria al interrumpir la transmisión de estos mensajes.
Los antecedentes familiares son otro factor de riesgo. Los científicos creen que la genética puede jugar un papel importante en muchos de los casos de Alzheimer. Por ejemplo, la enfermedad de Alzheimer familiar de aparición temprana, una rara forma de la enfermedad que generalmente se manifiesta entre los 30 y 60 años de edad, es de carácter hereditario. El tipo más frecuente de Alzheimer es el de la aparición tardía. Se presenta más adelante en la vida y en la mayoría de familias no se observa un patrón hereditario obvio. Sin embargo, varios factores de riesgo genético pueden interactuar el uno con el otro y con factores no genéticos para causar la enfermedad. El único factor de riesgo genético identificado hasta ahora para la enfermedad de Alzheimer de aparición tardía es un gen que produce una forma de proteína llamada apolipoproteína E (ApoE). Todas las personas tienen ApoE, la cual ayuda a transportar el colesterol en la sangre. Solamente cerca de un 15 por ciento de personas tienen la forma de esta proteína que aumenta el riesgo de contraer la enfermedad. Es probable que haya otros genes que también puedan aumentar el riesgo de desarrollar esta enfermedad o de proteger a las personas contra la misma, pero todavía no han sido descubiertos.
Hoy en día, la única forma definitiva de diagnóstico es determinar si hay placas y ovillos o acumulaciones en el tejido cerebral. Sin embargo, para observar el tejido cerebral los médicos deben esperar generalmente a que se haga una autopsia, el cual es un examen del cuerpo que se realiza después de que muere la persona. Por esta razón, los médicos sólo pueden hacer un diagnóstico “posible” o “probable” de la enfermedad mientras la persona está viva.
En centros especializados, los médicos pueden diagnosticar acertadamente la enfermedad hasta en un 90 por ciento de las veces. Los médicos utilizan varios instrumentos para hacer un diagnóstico probable de la enfermedad de Alzheimer. Entre estos se encuentran:
- preguntas sobre la salud general de la persona, problemas médicos previos y su capacidad para llevar a cabo las actividades diarias,
- pruebas de memoria, resolución de problemas, atención, conteo y lenguaje,
- exámenes médicos, como pruebas de sangre, orina o líquido cefalorraquídeo, y
- gammagrafías cerebrales.
Algunas veces, estas pruebas pueden ayudarle al médico a encontrar otras causas posibles de los síntomas que tiene la persona. Por ejemplo, situaciones como problemas de la tiroides, reacciones a los medicamentos, depresión, tumores cerebrales y enfermedades de los vasos sanguíneos pueden causar síntomas parecidos a la enfermedad de Alzheimer. Algunas de estas otras afecciones médicas pueden tratarse en forma satisfactoria.
(Fuente: Guía de la Enfermedad de Alzheimer, del Nacional Institute on Aging)
Tras el impacto causado por estas informaciones, todas decidimos buscar la forma de ayudar a Elena y a su marido, pero eso se los contaré más adelante…

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