domingo, 6 de mayo de 2007

Un fantasma que tocó al grupo de amigas

Elda es una mujer preocupada por el prójimo cercano, y respetuosa del prójimo lejano.

De todo el grupo de las “chicas” que nos reunimos, es quien más atenta está a la vida de cada una, para poder comunicar al resto y “dar una manito” de apoyo.

Ayer, inició la cadena de información pues había recibido el llamado de Elena, quien, desbordada, angustiada, luego de un mal rato pasado por algunos comportamientos erráticos de su esposo, llamó a Elda y, entre sollozos y silencios, pudo volcarle todos sus miedos, dudas y el oscuro panorama de un futuro más o menos lejano, pero certero

Ya les conté que Elena guarda con enorme pudor el hecho que su esposo tiene los primeros síntomas del mal de Alzheimer.

En nuestra última reunión, fue la receptora inocente de un mal rato en la mesa de la confitería. Renata, quien tiene sus propios problemas por la crianza de su nietita a una altura de la vida en la que sabiamente la naturaleza no nos regala hijos y que pelea con fuerza la situación y el dolor, nos comentó, riendo, que había comenzado a estudiar alemán, lengua que su nieta aprende en el Colegio al que asiste. Y dijo, con total desapercibimiento del problema de Elena, que intentaría dedicarle un tiempo, y creía que podría compartir con su nieta esa experiencia. “Un poco para ayudarla, para estar cerca de ella, dijo, y también” - agregó sonriendo con forzada alegría- “porque dicen que al aprender un idioma extranjero, se concretan en el cerebro sinapsis celulares que a esta edad ya no son frecuentes, previniéndose de este modo el riesgo de que te agarre otro alemán….así, aunque te corra, no te alcanza el Alzheimer”….

Todas quedamos en silencio, y sólo la risa nerviosa de Bárbara señaló la tensa situación: Con la cabeza baja, los ojos llenos de lágrimas, Elena no pudo dejar de sentirse tocada, aunque sabía que la broma no era intencionadamente dirigida a ella….

Tal vez eso sirvió de catarsis, desmoronando la pared de silencio sobre el tema que indudablemente la aterra . Al borde de su tristeza, llamó a Elda y pidió ayuda calladamente, hablándole de lo que ha comenzado a vivir con su esposo.

Y qué consolador resulta en estos casos sentir y vivir la palabra “amigo”. Estoy absolutamente segura que cada una de nosotras, con sus más y con sus menos, con nuestras características y convicciones, nuestras diferencias y nuestras pequeñeces, nos tenemos hondo cariño, bastante tolerancia y estamos “al pie del cañón” en tanto una lo necesite…Ese tipo de relaciones, descarnadas y generosas, pueden sostenerse, enriquecerse y valorarse con más intensidad a los sesenta….¿no les parece?

Tal vez porque intuimos que la vida es un camino de ida, y que ya traspasamos mucho mojones indicadores de un importante kilometraje… (juro que fue sin darnos cuenta!!!!)

Luego que confortamos a Elena, nos juramentamos ayudarla en lo posible, buscamos asesoramiento, pensé que tal vez quien incursiona en mi blog, que en general tiene una edad parecida a la mía, podía vivir alguna situación similar. A ella o él, le cuento que el primer acercamiento intelectual al mal de Alzheimer, lo hicimos generando un montón de preguntas entre nosotras y buscando respuestas:

¿A qué se llama Alzheimer?

La demencia es un trastorno cerebral que afecta de forma grave la habilidad de una persona para llevar a cabo sus actividades diarias. La enfermedad de Alzheimer (AD, por sus siglas en inglés) es el tipo más frecuente de demencia entre las personas mayores y afecta las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje.

¿Sólo las personas ancianas pueden padecerla?

Esta enfermedad se inicia, por lo general, a los 60 años y el riesgo de contraerla aumenta con la edad. Aunque las personas más jóvenes también pueden desarrollarla, es mucho menos común entre ellas. Cerca de un 5 por ciento de hombres y mujeres entre los 65 y los 74 años de edad tienen Alzheimer, y casi la mitad de aquellos que tienen 85 años de edad en adelante pueden tener la enfermedad. Sin embargo, es importante advertir que la enfermedad de Alzheimer no es parte del proceso natural de envejecimiento.

¿Cómo se sabe que es Alzheimer?

El nombre de esta enfermedad se atribuye al médico alemán, Alois Alzheimer,quien en 1906 notó cambios en el tejido cerebral de una mujer que había muerto de una rara enfermedad mental. Alzheimer encontró depósitos anormales (ahora llamados “placas de amiloide”) y una acumulación de estructuras fibrilares entrelazadas (conocidas en la actualidad como “ovillos neurofibrilares”). Hoy en día, la presencia de estas placas y ovillos en el cerebro se considera el sello característico de la enfermedad de Alzheimer.

Los científicos también han descubierto otros cambios en el cerebro de las personas que tienen esta enfermedad. Estos cambios tienen que ver con la destrucción de células nerviosas en áreas del cerebro que son vitales para la memoria y otras facultades mentales, lo cual causa la interrupción de las conexiones entre las células nerviosas. También se presentan niveles más bajos de algunas de las sustancias químicas del cerebro que se encargan de la transmisión de mensajes entre las células nerviosas. La enfermedad de Alzheimer puede alterar los procesos del pensamiento y la memoria al interrumpir la transmisión de estos mensajes.

¿Qué causa esta enfermedad?

Los científicos aún no entienden del todo lo que causa la enfermedad de Alzheimer. Es probable que no haya una sola causa, sino varios factores que afectan a cada persona de forma diferente. La edad es el factor de riesgo más conocido. El número de personas que sufren de esta enfermedad se duplica cada 5 años entre las personas mayores de 65 años de edad.

Los antecedentes familiares son otro factor de riesgo. Los científicos creen que la genética puede jugar un papel importante en muchos de los casos de Alzheimer. Por ejemplo, la enfermedad de Alzheimer familiar de aparición temprana, una rara forma de la enfermedad que generalmente se manifiesta entre los 30 y 60 años de edad, es de carácter hereditario. El tipo más frecuente de Alzheimer es el de la aparición tardía. Se presenta más adelante en la vida y en la mayoría de familias no se observa un patrón hereditario obvio. Sin embargo, varios factores de riesgo genético pueden interactuar el uno con el otro y con factores no genéticos para causar la enfermedad. El único factor de riesgo genético identificado hasta ahora para la enfermedad de Alzheimer de aparición tardía es un gen que produce una forma de proteína llamada apolipoproteína E (ApoE). Todas las personas tienen ApoE, la cual ayuda a transportar el colesterol en la sangre. Solamente cerca de un 15 por ciento de personas tienen la forma de esta proteína que aumenta el riesgo de contraer la enfermedad. Es probable que haya otros genes que también puedan aumentar el riesgo de desarrollar esta enfermedad o de proteger a las personas contra la misma, pero todavía no han sido descubiertos.

¿Y además de lo genético?

Los científicos aún tienen mucho que aprender sobre las causas de esta enfermedad. Además de la genética y de la ApoE, los científicos se encuentran investigando el papel que podrían desempeñar la educación, la alimentación y el ambiente en el desarrollo de la misma. Están encontrando cada vez más indicios de que algunos de los factores de riesgo de las enfermedades cardíacas y los accidentes cerebrovasculares, como la hipertensión arterial, el colesterol alto y los niveles bajos de la vitamina folato, pueden también aumentar el riesgo de desarrollar Alzheimer. También hay mayores indicios de que las actividades físicas, mentales y sociales pueden ser factores de protección contra la enfermedad.

¿Cuáles son los síntomas advertibles?

La enfermedad de Alzheimer se inicia en forma lenta. Al principio, el único síntoma pueden ser olvidos leves, los cuales pueden confundirse con cambios en la memoria asociados con la edad. La mayoría de las personas que sufren de olvidos leves no tienen Alzheimer. En la fase inicial de la enfermedad, las personas pueden tener dificultades para acordarse de eventos y actividades recientes o de los nombres de personas o cosas conocidas. Es posible que no puedan resolver problemas matemáticos sencillos. Este tipo de dificultades pueden representar una molestia, pero no son lo suficientemente graves como para causar preocupación.

Sin embargo, a medida que avanza la enfermedad, los síntomas se notan con mayor facilidad y se agravan de forma tal que hacen que las personas con Alzheimer y sus familiares busquen ayuda médica. Los olvidos o fallas de la memoria empiezan a interferir con las actividades diarias. A las personas en la fase intermedia de la enfermedad, se les puede olvidar cómo hacer tareas sencillas, cómo cepillarse los dientes o peinarse; ya no pueden pensar con claridad; fallan en su intento de reconocer personas y lugares conocidos; y empiezan a tener problemas para hablar, entender, leer o escribir. Más adelante, pueden volverse inquietas o agresivas, o deambular fuera de sus casas. Al final, los pacientes necesitan de un cuidado permanente.

¿Cómo se diagnostica?

Un diagnóstico temprano y exacto de la enfermedad de Alzheimer ayuda a los pacientes y a sus familias a planear para el futuro. Asimismo, les da tiempo para considerar las opciones de atención mientras el paciente está en capacidad de participar en la toma de decisiones. El diagnóstico temprano también ofrece la mejor oportunidad para tratar los síntomas de la enfermedad.

Hoy en día, la única forma definitiva de diagnóstico es determinar si hay placas y ovillos o acumulaciones en el tejido cerebral. Sin embargo, para observar el tejido cerebral los médicos deben esperar generalmente a que se haga una autopsia, el cual es un examen del cuerpo que se realiza después de que muere la persona. Por esta razón, los médicos sólo pueden hacer un diagnóstico “posible” o “probable” de la enfermedad mientras la persona está viva.

En centros especializados, los médicos pueden diagnosticar acertadamente la enfermedad hasta en un 90 por ciento de las veces. Los médicos utilizan varios instrumentos para hacer un diagnóstico probable de la enfermedad de Alzheimer. Entre estos se encuentran:

  • preguntas sobre la salud general de la persona, problemas médicos previos y su capacidad para llevar a cabo las actividades diarias,
  • pruebas de memoria, resolución de problemas, atención, conteo y lenguaje,
  • exámenes médicos, como pruebas de sangre, orina o líquido cefalorraquídeo, y
  • gammagrafías cerebrales.

Algunas veces, estas pruebas pueden ayudarle al médico a encontrar otras causas posibles de los síntomas que tiene la persona. Por ejemplo, situaciones como problemas de la tiroides, reacciones a los medicamentos, depresión, tumores cerebrales y enfermedades de los vasos sanguíneos pueden causar síntomas parecidos a la enfermedad de Alzheimer. Algunas de estas otras afecciones médicas pueden tratarse en forma satisfactoria.

(Fuente: Guía de la Enfermedad de Alzheimer, del Nacional Institute on Aging)

Tras el impacto causado por estas informaciones, todas decidimos buscar la forma de ayudar a Elena y a su marido, pero eso se los contaré más adelante…


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