sábado, 26 de mayo de 2007

El dolor inconmensurable de la pérdidas

Esta mañana, aprovechando que su nieta tenía natación, llegó a casa Renata, a tomar unos mates.

Siempre es bienvenida. Es coherente, inteligente, sin dobleces. Apasionada para opinar, con sentido del humor, empañado ahora por la pérdida de su hija hace un año, hecho del que le cuesta recuperarse. Es leal, pero tan frontal que a veces teme irritar, como ella misma me confiesa.

Por fuera es tranquila aunque activa , no demuestra la angustia, cuando la vemos con su nieta pareciera como si tuviera una alegria permanente, y hasta se permite ser juguetona.

Pero a veces, a solas, sé que brotan de sus ojos lágrimas incontenibles y acumula preguntas sin respuestas.

Me comentaba ayer, al anunciarme su visita por teléfono, que su hija le dice que es la única persona que conoce en este mundo que no ha hecho una consulta psicológica para ayudarse a superar la pérdida. “-es que no me entienden”, dijo- No me he negado por orgullo a hacerlo…Hay tantas cosas más importantes, o por lo menos más urgentes…” (su situación económica no es floreciente, aunque aceptable, y la irrupción (elegida por ella), de su nieta en su vida, ha hecho que los gastos se multipliquen ya que aún no ha cobrado ni el seguro ni la pensión, ni tiene obra social para la chiquitina, por errores y burocracia ).

Creo además, que Renata ha transitado por esta vida analizando tanto las cosas, reflexionando cada uno de sus pasos, decidiendo cada uno de ellos y haciéndose cargo de esas decisiones como toda luchadora, que nunca sintió la necesidad de una consulta de este tipo, aunque me consta que no rechaza el valor de esos profesionales, ya que ha aconsejado en alguna oportunidad a una de sus hijas, que sería bueno que realizara una terapia.

Azul, su nieta, tiene con ella una relación hermosa, se aman profundamente y la chiquita se olvida de los 60 y pico de la abuela.

-“Yo también, me dice Renata sonriendo…durante el día tengo los 35 de mi hija…a la noche, los 91 de mi mamá”.

Conforto a Renata de la mejor manera que sé hacerlo…un abrazo apretado, el silencio conteniendo sus ahogos y sollozos…ella no necesita palabras, sino presencias. Está decidida a postergar todo por el bienestar, la paz y felicidad de Azul, aunque, como una conciencia susurrante, su madre y su hija le dicen “No te olvides de vos”.

Comparto ese comentario…sólo que quizá falta tiempo. Muy herido, muy impactado, desolado está el corazón de Renata.Seguramente con el tiempo…mucho tiempo, los logros y amor de su otra hija y de su nieta, la ayuden a calmar el lacerante dolor que la acongoja. Bebe con ansiedad los mimos de la hija de su hija, como si de ese modo la recuperara a ella de alguna manera.

Su racionalidad inevitable pide respuestas, seguridades del más allá que nadie puede darle, excepto su propia fe, que se encuentra tambaleante.

Leí en alguna parte, hace mucho tiempo ,y lo recordé mientras escuchaba a Renata algo así como que el corazón vive de a poco lo que la razon sabe de golpe…Para la mente, su hija murió una vez…para su corazón, muere muchas veces….cada día…cada momento.
Cuando se cerró mi puerta, a la partida de Renata, por la ventana la miré marcharse …el mentón en alto, firme y apurado su paso…detentando una voluntad persistente que me dice que luchará sin desmayos aceptando lo que la vida le ha deparado.

Entonces fui a mi refugio...la biblioteca, y tomé dos libros, " No te mueras con tus muertos" de René Juan Trossero, psicólogo y escritor argentino, y " El cielo existe" de María Roberta Mallea, dos ayudas con enfoque diferente, que podrían servir a Renata.

Los dejé a mano, para prestárselos en nuextro próximo encuentro.

"Corazón roto" de Celia Gradín

2 comentarios:

moira dijo...

Renata inspira ternura,respeto y conmueve profundamente. Me conmueve su entereza, sus entrega, su amor...
Ella tiene razón. Lo urgente e importante en este momento es la pequeña, ya habrá tiempo para ella...
Habrá tiempo para ella?(pienso),a qué precio?.
Dicen que los dolores no se comparan y que a cada uno le duele "mas" el suyo.
También dicen, que un ser humano puede despedirse de un padre teniendo,(según sus creencias), la esperanza de reencontrarse algún día con su ser querido en otro plano... puede un ser humano despedir a un hijo?. No lo sé.
Pienso nuevamente en Renata y en que pueda de a poco, pero pronto, encontrar sus espacios, sus momentos privados, sus actividades...aquellas que la conecten con la paz necesaria, con su yo profundo....con su dolor-amor....
Brindo en el "mientrastanto", por ellas!
Moira

MIRTA NUÑEZ dijo...

La muerte de un hijo es el dolor más grande que puede tener un ser humano, porque va contra la ley natural de la vida. Nunca una madre está preparada para enterrar a un hija. Una hija sí sabe que algún día tendrá que enterrar a su madre.No siempre se necesita terapia después de semejante trance, ya que mientras el duelo no sea patológico, hay que atravesar el proceso de elaboración de un duelo casi imposible y bien puede hacerse generando vida, creando cosas, dando amor a otros, criando a una nieta. He conocido madres que perdieron un hijo, fueron a un psicólogo y éste le dijo que no necesitaba terapia, que sólo necesita tiempo. Y he conocido madres que sólo se han sentido comprendidas en su inmenso dolor por grupos de padres que perdieron un hijo (RENACER). Como dice la Zamba para no morir: "En el hijo se puede volver", aunque Azul no sea su madre. Estar conectada a la vida es la única fórmula para no morirse con sus muertos. Y esta abuela está conectada a la vida.
Brindo por su fortaleza y su lucha para seguir viviendo.
Mirta